Enfermedades

La buena salud renal comienza durante el embarazo

El estado de salud de la madre puede tener consecuencias de salud a largo plazo, años o décadas después del nacimiento del bebé.

El nacimiento prematuro, factor de riesgo
En un artículo publicado el pasado viernes en The Lancet, un equipo de investigadores de dos universidades australianas ha reseñado la literatura publicada durante las últimas décadas sobre salud renal y salud materna durante la gestación, llegando a la conclusión de que los posibles problemas de salud de la madre o hábitos de vida poco saludables tienen efectos a muy largo plazo sobre la salud renal del recién nacido.

El riñón de los bebés es particularmente sensible a las circunstancias del embarazo, pues al nacer dejamos que producir nefrones. El nefrón (o nefrona) es la unidad estructural básica del riñón. Su función es limpiar la sangre, filtrándola para regular el agua y otras substancias solubles, absorbiendo los elementos necesarios para el organismo y excretando los elementos sobrantes en forma de orina. Cada persona nace con una media de un millón de nefrones, aproximadamente, y pierden unos 6.000 cada año. No es posible regenerarlos: nacemos teniendo todos los nefrones que emplearemos durante nuestra vida. No obstante, los investigadores han demostrado que existen grandes diferencias entre el número mínimo y máximo de nefrones con los que nacemos: desde tan sólo 200.000 hasta unos dos millones.

La cantidad de nefrones al nacer está directamente relacionado con el peso del feto: los niños nacidos con un peso por debajo de la media tienen un número bajo de nefrones, mientras que los bebés de mayor tamaño nacen con más nefrones. Cuanto más prematuro sea el parto, menor cantidad de nefrones al nacer. Un nacimiento prematuro y/o bajo peso al nacer son las causas más frecuentes de un bajo número de nefrones, lo que a su vez está asociado a un mayor riesgo de hipertensión, proteinuria (exceso de proteínas en la orina, síntoma asociado a problemas renales) y de fallo renal a largo plazo. Un aumento de peso rápido durante la infancia y adolescencia refuerza aún más dichos riesgos.

Dado que aproximadamente un 15% de niños nacidos en todo el mundo tienen un peso por debajo de la media, estos datos implican una serie de consecuencias a largo plazo para la salud de madres y de recién nacidos. Así, elementos como una dieta rica en grasas, el consumo de alcohol, de diversos antibióticos o el estrés, ejercen un impacto negativo en el desarrollo del riñón de los fetos. Asimismo, en vista de la fuerte asociación existente entre peso al nacer, número de nefrones y problemas renales, los científicos sugieren tener en cuenta el peso del feto como un parámetro de evaluación del posible riesgo de fallo renal a medio y largo plazo.
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